¿Se pueden enseñar las habilidades emocionales en la escuela? Programa de Aprendizaje Socioemocional (PAS) un aporte de la Psicología que nace en Mar del Plata 

Canet Juric, Lorena 

Zamora, Eliana 

García Coni, Ana  

Olsen, Cintia 

Instituto de Psicología Básica, Aplicada y Tecnología IPSIBAT (UNMDP – CONICET)

Cuando un chico no puede concentrarse porque está angustiado, o abandona una tarea porque siente que «no sirve para eso», el problema no es de contenido: es emocional. Las emociones no son un detalle del aprendizaje, son parte de su estructura. Inciden en cómo los estudiantes prestan atención, enfrentan las dificultades, se relacionan con otros y sostienen el esfuerzo. Entonces surge una pregunta que muchos docentes y familias se hacen: ¿se pueden enseñar, en la escuela, las habilidades que ayudan a regular las emociones? Eso fue exactamente lo que intentamos responder.

Un programa con historia

El Programa de Aprendizaje Socioemocional (PAS) se desarrolló en Mar del Plata hace aproximadamente diez años, a partir del trabajo conjunto de investigadores del CONICET y docentes de la Universidad Nacional de Mar del Plata. Desde entonces, numerosos niños han participado en sus distintas implementaciones. En sus primeras etapas, el equipo analizó los datos generados por el propio programa mediante comparaciones pre y post intervención, que ya mostraban cambios en los estudiantes. Con el tiempo, y con el objetivo de fortalecer la evidencia, se incorporó un grupo de comparación —estudiantes que no participaron del programa, pero fueron evaluados en paralelo—, lo que permitió avanzar hacia un diseño más riguroso. Es precisamente sobre este tipo de evidencia sobre la que conversaremos aquí.

Específicamente, durante el año 2022 se trabajó con estudiantes de cuarto grado de una escuela privada de la ciudad de Mar del Plata durante todo un ciclo lectivo. Un grupo participó del PAS; otro continuó con sus actividades escolares habituales. Al final, comparamos los resultados en ambos grupos para entender qué cambios podían atribuirse realmente a la intervención.

¿Qué se trabaja en el programa?

El PAS se apoya en tres habilidades centrales, que se trabajan en encuentros semanales de aproximadamente 45 minutos. En esos espacios no solo se explican conceptos: se practican. La tabla 1 resume las habilidades trabajadas y lo que el estudio encontró en cada una.

Tabla 1. Fuente: autor.

La mentalidad de crecimiento refiere a la creencia de que las capacidades no son fijas, sino que pueden desarrollarse con esfuerzo, práctica y buenas estrategias. Cuando un estudiante internaliza esta idea, cambia su relación con el error: en lugar de interpretarlo como una señal de que «no puede», lo lee como parte del proceso de aprender.

El autocontrol es la capacidad de regular la propia conducta frente a impulsos y distracciones: poder sostener la atención en una tarea, aunque haya estímulos que compitan, o demorar una respuesta impulsiva para pensar mejor.

La regulación emocional, por su parte, implica reconocer las propias emociones y manejarlas de manera adecuada al contexto, sin suprimirlas, pero sin que tampoco interfieran en lo que uno quiere hacer.

¿Qué cambios se observaron?

Si bien el programa se ha desarrollado y aplicado durante casi una década, lo que se presenta aquí corresponde exclusivamente a una cohorte específica evaluada en un único ciclo lectivo, bajo un diseño con grupo control; por lo tanto, no refleja efectos acumulativos a lo largo de los años de implementación. En este marco, la intervención puntual mostró efectos alentadores, aunque con variaciones entre las distintas habilidades evaluadas. Los niños que participaron del PAS evidenciaron mejoras claras en mentalidad de crecimiento y autocontrol: al finalizar, mostraban mayor disposición a sostener el esfuerzo frente a tareas desafiantes, una actitud más flexible ante el error y mayores recursos para regular la distracción. Estos cambios resultan relevantes, dado que inciden directamente en el funcionamiento cotidiano del aprendizaje.

Sin embargo, las habilidades sociales y la regulación emocional no mostraron mejoras significativas en este período. Esto no invalida el programa: señala algo que la investigación en desarrollo socioemocional viene mostrando consistentemente. Algunas habilidades, especialmente las que implican relaciones con otros o el manejo de emociones en situaciones complejas, pueden requerir más tiempo, más contextos de práctica y, probablemente, la participación de otros adultos de referencia más allá del aula. Lo que los investigadores llaman «transferencia cercana» – mejorar en aquello que fue directamente entrenado – ocurrió con claridad. La «transferencia lejana» – que esos aprendizajes impacten en el bienestar general o en los vínculos sociales- es un proceso más lento que un ciclo lectivo no alcanza a capturar.

En cuanto al bienestar emocional, problemas como la ansiedad o el retraimiento disminuyeron tanto en el grupo del programa como en el que no participó, lo que sugiere que parte de esa mejora responde al desarrollo propio de la edad más que a la intervención específica. Los comportamientos más visibles, como la agresividad, tampoco mostraron cambios en ninguno de los grupos, algo coherente con la literatura: ese tipo de conductas suele requerir intervenciones más intensivas y sostenidas.

Qué nos dice esto sobre la escuela

Que la escuela puede trabajar habilidades socioemocionales cuando lo hace de manera explícita y sistemática. No se trata de agregar contenidos ajenos al aula, sino de reconocer que aprender también implica saber enfrentar la dificultad, tolerar la frustración y relacionarse con otros. Esas no son habilidades que los chicos traen dadas: se desarrollan, y la escuela puede acompañar ese proceso.

Al mismo tiempo, los resultados invitan a ajustar expectativas. Algunos cambios, como sostener el esfuerzo o regular la conducta, pueden ocurrir en plazos relativamente breves con intervenciones bien diseñadas. En cambio, otros procesos —como la regulación emocional en contextos interpersonales o las habilidades sociales— requieren más tiempo dentro del programa, así como mayor diversidad de experiencias y oportunidades de práctica en distintos contextos para consolidarse y generalizarse. No se trata de una limitación del PAS en particular, sino de una propiedad del desarrollo socioemocional: los cambios más profundos, especialmente aquellos que implican la coordinación entre lo intrapersonal y lo interpersonal, tienden a desplegarse de manera más gradual y dependiente del contexto.

Límites y próximos pasos

La muestra fue reducida —alrededor de 46 niños— y, si bien el seguimiento se extendió durante un año, no permite valorar la estabilidad de los efectos en el largo plazo. Estudios futuros deberían incluir muestras más amplias, seguimientos extendidos u otras fuentes de información: reportes de docentes y familias, observaciones en el aula. También sería valioso estudiar qué ocurre cuando el programa se sostiene durante varios años en una misma institución, algo que las percepciones de quienes participan sugieren que produce efectos más amplios y profundos, pero que todavía aguarda una medición igual de rigurosa.

Más que respuestas definitivas, este tipo de estudios permite avanzar en algo concreto: saber qué funciona, en qué condiciones y con qué alcance. Los datos muestran que enseñar a los chicos a esforzarse, a tolerar el error y a regular su conducta no es una tarea ajena a la escuela. Es, precisamente, parte de lo que la escuela puede hacer.

Referencias

Canet-Juric et al. (2020). Revista Argentina de Ciencias del Comportamiento, 12(1). https://doi.org/10.32348/1852.4206.v12.n1.24999

Durlak, J. A., Mahoney, J. L., & Boyle, A. E. (2022). Psychological Bulletin, 148(11-12), 765– 782. https://doi.org/10.1037/bul0000383

Zamora, E. et al. (2022). Programa de Aprendizaje Socio-Emocional: cuadernillo n° 2. EUDEM.

¿La escuela en jaque?: entre la violencia escolar, el ataque a la escuela y la manifestación de una sociedad rasgada

Prof. Natasha Rodríguez

Prof. Historia. UNMdP, Grupo de investigación Giedhics. Maestranda en Arte y Sociedad en Latinoamérica (UNICEN). Profesora en nivel secundario y terciario de la ciudad de Mar del Plata.

Dra. María Belén Escalante

Prof. Historia Dra. en Humanidades y Artes con mención en Educación (UNR),  docente de la Facultad de Humanidades y de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, profesora en escuelas secundarias de la ciudad de Mar del Plata, Grupo de investigación Giedhics, participante de Apehun.

 

 

La escuela puede entenderse como una ventana a la realidad que refleja constantemente el estado de las sociedades, como un microcosmos, donde el individuo aprende e interioriza las normas sociales. Pero la relación también puede ser inversa, y que el espacio escolar sea un escenario que visibiliza conflictos, problemáticas y desafíos de nuestro mundo. La sociedad se ha mostrado conmovida por los episodios de violencia ocurridos en las últimas semanas; hablamos de dos casos de violencia física dentro de las instalaciones escolares, varias amenazas de bombardeo y  la activación de un arma en pleno patio escolar. Estos hechos no representan sólo violencia escolar, como versan los titulares de los medios de comunicación, sino que nos interpelan e invitan, una vez más, a poner la lupa sobre la escuela, la ciudadanía, los profesores/as y los sujetos escolarizados. ¿Quiénes estamos en las aulas de la Escuela Secundaria?, ¿bajo qué circunstancias?, ¿qué está pasando en la escuela y qué nos vienen a contar estos jóvenes?

En primer lugar, estos hechos demuestran el increíble peso que tienen hoy las redes sociales, que pueden reflejar aspectos de la realidad social y, al mismo tiempo, transformarla. Es un espacio virtual, en el que navegan muchos de nuestros estudiantes, donde construyen múltiples interacciones que, aunque intangibles, permiten moldear el mundo en el que vivimos. En la virtualidad es donde circulan múltiples discursos que influyen en la realidad social, que guardan una notoria autoridad (sean datos verdaderos o falsos) y dan forma a parte del imaginario colectivo. El orden social, ya decía el filósofo francés Michael Foucault, se rige a través del poder discursivo, esas cuotas de micropoder imperceptibles pero altamente efectivas en la formación de las representaciones sociales y el mundo en el que vivimos. Y asimismo,  estos discursos muchas veces se transforman en discursos del odio, representaciones que toman como enemigo a un individuo o grupo social a quien sistemáticamente se le adjudican los males sociales, generando discriminación, xenofobia y excluyéndolo de la dinámica social.

Fuente. Tweets extraídos de informe en https://infoactivismo.org/como-identificar-discursos-de-odio-en-redes-sociales-y-que-herramientas-utilizar-para-combatirlo/

Por su parte,  esta es una captura de pantalla de los comentarios de la red social Instagram, sobre un posteo del ataque físico que sufrió una adolescente con discapacidad en Mar del Plata.

Recuperado de: https://www.instagram.com/p/DWzyLUVAL26/ 

Aquí vemos comentarios dirigidos hacia el personal docente y directivo de los establecimientos:

Asimismo, en la red social Facebook también se pueden leer mensajes que atacan directamente al personal de las instituciones.

Recuperado de: https://www.facebook.com/cnmnoticias1/posts/-una-violenta-agresi%C3%B3n-dentro-de-un-aula-de-la-escuela-secundaria-n-38-de-mar-de/1560146592780139/ 

Estos comentarios dan cuenta de un ataque a la institución escolar y los miembros que hoy hacen posible la escuela. 

¿Qué dicen las Ciencias Sociales sobre la capacidad de la escuela para generar espacios de transformación, emancipación y diversidad cultural?

Jean Masschelein y Martin Simons (2014) en su libro “Defensa de la escuela” nos presentan el panorama actual, que se caracteriza por el ataque deliberado a la escuela. Esta institución es juzgada y declarada culpable: por ser considerada obsoleta y tradicional, por no ofrecer aprendizajes que permitan a los estudiantes conectarse con el mundo real, por reproducir las desigualdades sociales y el orden capitalista imperante a partir de su cultura basada en el orden y la disciplina. Sin negar estos aspectos, los autores renuevan la apuesta y nos recuerdan, ¿acaso la escuela no es el espacio donde se suspende el orden natural de las cosas, el orden social impuesto para hablar de un “tiempo común”, de la inauguración de lo común, aquello que permite alejarnos de las lógicas únicamente productivas y generar la posibilidad de imaginar nuevos mundos?

En todo caso, lo que hemos vivenciado en la escuela representa lo que esta es: el ámbito donde lo común tiene lugar, donde se evidencia y manifiesta cómo estamos como sociedad, donde nos encontramos y nos miramos a la cara, nos reconocemos y se evidencian nuestras glorias y penas. Lo sucedido, entonces, funciona como aviso y alarma del estado de violencia que hoy vivimos. Podemos pensarlo como un pedido de ayuda, como un cartel S.O.S que demanda una atención inmediata.

En este sentido, las Ciencias Sociales nos proponen pensar la escuela desde un sentido crítico, como  acto de resistencia y la posibilidad de un proyecto alternativo al (y dentro del) sistema educativo circundante y hegemónico que resulta imperceptible a los mismos actores sociales que lo practican, ya que en lo cotidiano la perspectiva pedagógica, las posturas ideológicas, el acervo teórico de los/as profesores/as puede perderse ante lo inmediato.

Desde esta premisa y en relación con las perspectivas críticas en educación, podemos intentar mirar a las prácticas docentes como posibles hacedoras de acciones de resistencia y al aula como un espacio de cambio genuino, que permita real y concretamente generar conciencia crítica a los/as estudiantes de su propio rol en su contexto socio-cultural, a través del intercambio pedagógico entre profesores/as y jóvenes.

 

¿Cómo lograr ese cambio y promover una enseñanza que nos permita pensar el mundo críticamente? 

El Marco General de Escuelas Secundarias en la provincia de Buenos Aires afirma que cada cultura pregunta y responde desde su contexto y desde su sensibilidad,  construyendo un ámbito de significación propio; pues la  interculturalidad implica reconocer el valor único de cada interpretación del mundo. La actitud intercultural en la educación consiste pues, en crear la conciencia de la interrelación entre persona y entorno, y entre los diversos universos culturales; significa, adoptar como categoría básica del conocimiento la relación. Entonces, en lo prescriptivo de los Diseños Curriculares, de las políticas educativas, se entrevé la idea de un espacio que atienda a las necesidades de los/as estudiantes. A la luz de los hechos de violencia sucedidos en instituciones educativas, los que salen en los medios de comunicación y los que no, acaso esto no sea suficiente.

Los estudios desde los ámbitos académicos insisten en la idea de generar desde las aulas una ciudadanía que sea consciente de su propio lugar en su contexto socio-económico y que pueda tener su propia voz para erradicar situaciones de injusticia social.

Ahora bien, ¿qué hacemos desde las escuelas con estos hechos de violencia extrema, con los discursos de odio, con la inmensidad de fluidos de información en internet y redes sociales?

Quizás nos hemos quedado a mitad de camino, nos hemos quedado en intenciones y la educación intercultural de los tiempos históricos y de las diversas cosmovisiones acerca del estudio del pasado es un horizonte posible, sin que esto necesariamente signifique un aspecto emancipador para los/as estudiantes, que pueden ver con cierto distanciamiento la necesidad del diálogo entre epistemologías, el reconocimiento de las relaciones de poder y las asimetrías existentes entre ellas.

Entonces, es válido preguntarnos: ¿qué abordajes definen el interés y la motivación, la interpelación, las emociones de los sujetos escolarizados, para convertirse en sujetos de aprendizaje?. Cuando comenzamos a vislumbrar la pertinencia e importancia que tienen los problemas sociales candentes para los/as jóvenes que están en las aulas, debemos ubicarnos también en el periodo de formación inicial de los/as docentes que luego compartirán el espacio escolar con adolescentes.

Comprender-nos en capas de desigualdad, permite comprender las fracturas sociales que vivimos y  puede ser un hilo del cual seguir tirando para renovar la apuesta y defender nuestra escuela. 

 

Ni muy muy ni tan tan… Una radiografía social del bienestar en el sudeste bonaerense

GRUPO DE ESTUDIO SOBRE POBLACIÓN Y TERRITORIO (GESPyT)-CIGSA-FHum-UNMdP

INHUS-CONICET-UNMdP

L. Agustín Parracone

Federico García Fernandez

Matías Gordziejczuk

Claudia Mikkelsen

Sofia Ares

Bienestar y territorio: una introducción

La búsqueda de bienestar es una acción propia de la sociedad dado que todos pretendemos alcanzar la plenitud y la felicidad. Hablar de bienestar significa unir debates y esfuerzos de diversas disciplinas tales como la Geografía, la Historia, la Política, la Medicina, la Economía, la Sociología, entre otras. El abordaje del concepto Bienestar desde la Geografía nos conduce a pensar los vínculos existentes entre la sociedad y el territorio. Por tanto el bienestar se refiere a las condiciones materiales, objetivamente observables o medibles de la calidad de vida. Desde este texto proponemos mostrar cuál es la situación del bienestar en el sudeste bonaerense basándonos en datos del Censo 2022 relevado por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) y otras fuentes secundarias a partir de un índice construido con un conjunto de indicadores.

¿Cómo medimos el bienestar?

El bienestar es una aspiración esencial de las sociedades y debería constituir una guía para la definición, el debate y la puesta en marcha de políticas sociales en cada país. Sin embargo, su medición no es tan sencilla como nuestro deseo de vivir bien, de tener bienestar, ya que este abarca numerosos aspectos de nuestra vida.

El aporte de la Geografía en las investigaciones del bienestar radica en la incorporación del territorio como una dimensión más de la sociedad que nos permite identificar grupos sociales con distintos niveles de bienestar, así como reconocer su distribución territorial, su agrupamiento o dispersión, en definitiva: sus desigualdades y brechas.  El sudeste de la Provincia de Buenos Aires, está formado por trece partidos y registró en 2022 1.192.675 habitantes, equivalente al 6,9 % de la población bonaerense. En su interior muestra una importante diversidad sociodemográfica y productiva, combinando centros urbanos medianos-grandes (Mar del Plata, Tandil, Necochea), ciudades pequeñas, pueblos (1 a 20.000 pobladores), parajes y población rural dispersa. En este contexto, el Partido de General Pueyrredón actúa como núcleo regional, concentrando más de la mitad de la población del sudeste (660.569 hab.), seguido por los partidos de Tandil (144.678 hab.) y Necochea (101.483 hab.). Por otra parte, municipios como San Cayetano (8.918 hab.), Maipú (11.253 hab.) y Lobería (18.106 hab.) son los distritos de menor peso demográfico (Figura 1).

Figura 1. Distribución poblacional en partidos del sudeste bonaerense, 2022

Fuente: elaboración de los autores

La evaluación del bienestar se realizó mediante la construcción de un indicador resumen que surge del tratamiento combinado de diversos aspectos, como son la Educación, el Trabajo, el Saneamiento, la Vivienda, las Tecnologías de la Información y la Comunicación y el Ambiente (Tabla 1).

Cada una de las dimensiones está constituida por indicadores obtenidos del Censo 2022 (INDEC) y otras fuentes secundarias, consideradas para la dimensión Ambiente (Tabla 1). Los sistemas de información geográfica (SIG) de libre acceso nos facilitan el análisis espacial y la construcción de cartografía temática.

Tabla 1. Dimensiones, variables e indicadores del Índice de Bienestar del Sudeste bonaerense, 2022

Dimensión Variable Indicador Fuente
Educación Máximo nivel educativo logrado % de población de 20 a 59 años con nivel secundario o polimodal completo INDEC 2022
% de población de 26 a 59 años con nivel superior no universitario o universitario completo INDEC 2022
Trabajo

 

Ocupación

% entre la población ocupada con aportes o descuentos previsionales y la población económicamente activa de 14 años y más. INDEC 2022
Proporción de personas mayores (65 y más años) que no trabajan INDEC 2022
Saneamiento Saneamiento % de población en viviendas con servicio sanitario adecuado (conexión a red cloacal y cámara séptica) INDEC 2022
Acceso al sistema de salud % de población con Obra Social INDEC 2022
Vivienda Calidad de la vivienda y Régimen de tenencia

% de población en hogares con ambientes suficientes para la vida cotidiana (dos o menos personas por cuarto)

% de población propietaria de la vivienda

INDEC 2022
% de población en hogares con INMAT-1: materiales resistentes y sólidos en el piso y en el techo, con cielorraso INDEC 2022
% de población en hogares propietarios de la vivienda INDEC 2022
TIC

Computadora

 

% de población en hogares con computadora o tablet INDEC 2022
Conexión a internet en el hogar

% de población en hogares con internet

 

INDEC 2022

Ambiente

 

Calidad del aire Menores concentraciones PM2.5 Hammer et al. 2022
Menor uso de agroquímicos para actividades agropecuarias Menor impacto del uso de agroquímicos Defensor del pueblo y UNLP (2015) y AFOLU (2020)

Fuente: elaboración de los autores

 

Entonces ¿cómo vivimos en el sudeste bonaerense?

En principio observamos que el Índice de Bienestar del Sudeste (IBSE) se distribuye en un rango que oscila entre -3,15 y 1,5 puntos, con predominio de valores medios (-0,5 a 0,5) sobre todo en áreas de población dispersa (Figura 2). Estas cifras nos indican que, si bien la mayoría de población tiene un índice de bienestar cercano a 0 (cero), es decir, se encuentra en condiciones medias, también identificamos extremos negativos muy bajos y valores superiores, pero moderados en comparación con los más adversos.

Figura 2. Índice de Bienestar del Sudeste, 2022

La diversidad territorial del bienestar sobresale en General Pueyrredón debido a factores como el volumen demográfico de Mar del Plata, su heterogeneidad socio-productiva y condiciones ambientales.

El IBSE no se distribuye de forma aleatoria en el territorio, sino que los territorios con valores semejantes tienden a agruparse, conformando patrones espaciales que refuerzan la idea de que la distribución del bienestar está asociada con las diversas dimensiones del territorio (económica, institucional, cultural, demográfica, política, entre otras).

Si analizamos el comportamiento en detalle podemos indicar que el bienestar alto se destaca en áreas de población rural dispersa como también en las ciudades cabecera de ciertos partidos (Tandil, Necochea, Lobería, Miramar, Mar del Plata, Balcarce y sobre todo en sectores de Pinamar), incluyendo al 28.9 % de la población del sudeste. El bienestar medio reúne 603.265 habitantes abarcando la mitad de la población registrada. El bienestar bajo afecta a 214.698 habitantes (18 % de la población). Territorialmente este rango representa a los radios censales de la periferia marplatense, como también recortes periurbanos de Tandil, Balcarce o Necochea. Se suman a esta configuración zonas de población rural dispersa. Finalmente, la población en condiciones más adversas, es decir, con bienestar muy bajo, está formada por 30.227 habitantes (2,5 % de la población), aglutinados fundamentalmente en Mar del Plata.

En la constitución del IBSE no todas las dimensiones e indicadores tienen el mismo peso. Indicadores como educación superior completa, calidad de los materiales de la vivienda, tenencia de computadora, conexión a internet o trabajo registrado muestran las mayores brechas. De conjunto estos comportamientos dan cuenta de la necesidad de seguir trabajando para favorecer la conectividad, la educación y las viviendas y, con ello, mejorar la igualdad de oportunidades.

A modo de síntesis, se reconoce que aunque el IBSE tiene un comportamiento situado en los valores medios, su distribución no debe ocultar que el sudeste conforma un mosaico con situaciones diversas, donde la complejidad se acrecienta en las periferias urbanas, especialmente de General Pueyrredón. El análisis territorial del bienestar mantiene la tendencia observada mediante los datos obtenidos en el relevamiento censal de 2010, lo que da cuenta de un proceso de construcción histórica que condiciona y sostiene ciertos patrones de comportamiento socioespacial.

 

Adopción de innovaciones tecnológicas sustentables en el agro: un desafío colectivo

Dra. Alejandra Auer (INHUS-CONICET-UNMdP)

En Argentina, como en otros países de Latinoamérica, a partir de la revolución verde en la década de 1970, la investigación científica y tecnológica agropecuaria estuvo centrada en el desarrollo, adaptación y adopción de técnicas orientadas a aumentar la productividad de la tierra en el corto plazo; por ejemplo, a través del mejoramiento genético, la fertilización, el riego y el control químico de plagas y malezas. Sin embargo, a largo plazo estas tecnologías pierden efectividad, muestran limitaciones y generan nuevos problemas hacia adentro y hacia afuera de los establecimientos agropecuarios. Entre los impactos negativos se encuentra la degradación del suelo, la contaminación del agua, el incremento de las resistencias a plaguicidas, así como también la desaparición de pequeños y medianos productores, la pérdida de sentido de pertenencia y el despoblamiento rural.

La visibilización y toma de conciencia de los efectos no deseados de la revolución verde, lleva a que, en la actualidad, el sector agropecuario enfrente una doble presión: debe alimentar a una población en aumento, pero debe hacerlo sin degradar el ambiente. Sumado a ello, debe afrontar los desafíos relacionados a los efectos del cambio climático, como la alteración de los ciclos de lluvia, el aumento de las temperaturas y la generación de eventos extremos que afectan la producción. Estos desafíos hacen que cada vez sea más necesario generar nuevos instrumentos que ofrezcan soluciones para mitigar estos impactos y permitan orientar las prácticas de manejo hacia un uso sustentable de los bienes naturales y el cuidado del ambiente.

En este marco, las Innovaciones Tecnológicas Sustentables en el Agro (ITSA) son herramientas, procesos y conocimientos que permiten producir alimentos de manera eficiente, cuidando el ambiente y mejorando la calidad de vida de quienes viven o trabajan en el espacio rural. Las ITSA incluyen desde sensores para medir la humedad del suelo o drones para monitorear cultivos, hasta prácticas como la rotación de cultivos y el uso de bioinsumos. Entre los elementos centrales de las ITSA se encuentran los asociados con las maquinarias y, de mayor importancia en la actualidad, con la información y comunicación, el aprendizaje interactivo, la integración y la aplicación práctica del conocimiento, la generación de nuevos mercados y la manera de compartir información o crear redes entre diferentes actores de la cadena agropecuaria (Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), 2014).

Si bien las ITSA son necesarias y prometen grandes beneficios, su acceso no es igual para todos. Los grandes productores suelen tener más recursos para invertir en tecnología, mientras que los pequeños y medianos enfrentan barreras económicas, técnicas y de información. Por ello es fundamental que académicos, extensionistas, productores, instituciones públicas y la sociedad en general trabajen juntos con el fin de intercambiar miradas, conocimientos y herramientas. La finalidad debe ser democratizar el acceso a las ITSA, a partir de capacitaciones, financiamiento y acompañamiento técnico a los productores en la transición hacia una agricultura más sustentable.

Esta necesidad de realizar un trabajo transdisciplinario quedó plasmada en una investigación realizada con información provista por académicos, extensionistas y agentes del sector productivo de la provincia de Buenos Aires en relación a la adopción de las ITSA por parte de los productores (Auer et al., 2024a). En esa investigación se encontró que los académicos consultados ponen el foco en la dimensión ambiental, los extensionistas tienen una visión integral del territorio y, por último, el ámbito productivo considera la importancia de adoptar ITSA sin perder de vista las dificultades operativas y los resultados económicos. Los tres ámbitos reconocen el compromiso ambiental como un factor que favorece la adopción de ITSA y el contexto económico como principal limitante. Entre las diferencias, académicos y extensionistas expresan el desconocimiento y la falta de apoyo técnico como limitantes, mientras que los productores hacen referencia a la aversión al riesgo y la cultura agropecuaria. Estos resultados muestran que los factores técnicos y económicos no son suficientes para analizar la adopción de las ITSA.

De la mencionada investigación también surge que los académicos mencionan la intensificación sustentable, los cultivos de servicio, el uso de bioinsumos y el uso de alternativas al uso de herbicidas como las ITSA más importantes de la región (Figura 1). Los extensionistas nombraron principalmente la producción agroecológica y en menor medida el minimizar el uso de plaguicidas y el uso y reciclado de nutrientes. Por su parte, los encuestados del ámbito productivo refirieron en mayor medida a la siembra directa, los cultivos de servicio, la agricultura de precisión y las tecnologías AgTech.

FIGURA 1. Principales prácticas consideradas como las ITSA más importantes

Valor del eje: frecuencia relativa para cada ámbito consultado. Fuente: Auer et al., 2024a.

Estas diferencias en sus miradas se asocian a distintos niveles de adopción de las ITSA, siendo mayor la diferencia entre los productores y la academia, reforzando la necesidad de fomentar el trabajo transdisciplinario (Auer et al., 2024b). Es importante considerar que se podría generar más sinergia que facilite la innovación si hubiera un mayor nivel de interacción entre los diferentes ámbitos, académico, de extensión, productivo y no menos importante, el institucional, a partir de la inclusión de reglamentaciones claras y factibles de aplicabilidad, y con herramientas de acompañamiento integrales (Figura 2).

Figura 2. Propuesta de acciones por ámbito y espacios de intercambio

Fuente: Auer et al., 2024a.

El partido de General Pueyrredon, con Mar del Plata como ciudad cabecera, es un territorio con paisajes y actividades diversas, y concentra el segundo cinturón hortícola más importante del país. Esta actividad convive con la agricultura extensiva, la ganadería y el turismo rural, que cada vez atrae más visitantes interesados en experiencias diferentes y sostenibles. Con el fin de generar una agricultura productiva que a la vez cuide el ambiente y la salud humana, adquiere relevancia la necesidad de adoptar las ITSA. Por ejemplo, promover prácticas agroecológicas, conservar paisajes rurales y fomentar circuitos turísticos que valoren la actividad, las diferentes formas de vida y la identidad local.

Las ITSA no son solo máquinas o productos generados en un laboratorio, son una oportunidad para repensar cómo producimos, qué producimos y cómo vivimos. Facilitar su adopción implica un compromiso con el futuro, con el ambiente y con las personas. En contextos como el de General Pueyrredon, donde el agro y el turismo se entrelazan, es posible construir modelos de desarrollo que sean sustentables, inclusivos y resilientes. Para lograrlo, necesitamos diálogo, cooperación y voluntad política. El campo del mañana se cultiva hoy.

 

Referencias

Auer, A., Mikkelsen, C., Laterra, P.2024a. Adopción de innovaciones tecnológicas sustentables agropecuarias en la provincia de Buenos Aires (Argentina): desacoples entre la visión de la academia, la extensión y el sector productivo. Cuadernos de Desarrollo Rural. DOI: https://doi.org/10.11144/Javeriana.cdr21.aits

Auer, A., Mikkelsen, C., Laterra, P. 2024b. Grado de vinculación entre la adopción de innovaciones tecnológicas sustentables agrícolas y las narrativas del sector académico, de extensión y productivo en la provincia de Buenos Aires, Argentina. Estudios Socioterritoriales. DOI: https://doi.org/10.37838/unicen/est.35-2-103

Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA). (2014). Agricultura, oportunidad de desarrollo en las américas. Propuesta del plan de mediano plazo 2014-2018. Trigésima cuarta reunión ordinaria del comité ejecutivo. IICA/CE/Doc. 624 (14). Autor. https://repositorio.iica.int/handle/11324/3098

El impacto del ajuste: un breve análisis del mercado laboral de Mar del Plata y Argentina

Eugenio Actis Di Pasquale – Grupo Estudios del Trabajo (UNMdP)

En diciembre de 2023 en nuestro país asumió un nuevo gobierno que implementó en forma inmediata un cambio en el rumbo de las políticas macroeconómicas, con el objetivo de conseguir la estabilidad de precios. Sin embargo, la búsqueda incesante de reducir la inflación se ha ido llevando a cabo a cualquier costo, a tal punto de que este objetivo se ha convertido en un fin en sí mismo, despreciando los efectos que puedan generarse sobre el nivel de actividad, los ingresos de la población y el nivel de empleo. En este artículo nos dedicaremos a analizar los efectos negativos que se han generado sobre el trabajo en Mar del Plata y Argentina a partir de la implementación del nuevo modelo económico.

Para realizar este análisis tenemos distintas fuentes de datos oficiales que, al complementarlas, nos permiten evidenciar el deterioro en la cantidad y calidad del trabajo: 1) la Encuesta Permanente de Hogares (EPH-INDEC) realizada en los principales aglomerados urbanos del país; 2) el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA); 3) la Encuesta de Indicadores Laborales (EIL) efectuada en empresas de 5 y más trabajadores por la secretaria de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación.

1) Desde la EPH-INDEC, comparamos la evolución del valor de las siguientes tasas entre el primer trimestre de 2023 y el primer trimestre de 2025:

  • Tasa de empleo (proporción de ocupados en el total de población). En el total aglomerados, hubo una leve disminución del 45% al 44,4% (casi 80.000 ocupados menos). Mientras que en Mar del Plata se mantuvo alrededor del 47%.
  • Tasa de desocupación (proporción de desocupados en la población económicamente activa, la cual resulta de la suma entre ocupados y desocupados). Tanto a nivel local como nacional se incrementó en alrededor de 1 punto porcentual. En Mar del Plata paso del 6,9% al 7,9%. Mientras que en el total país del 4,9% al 6%.

Cuando hacemos esta primera lectura pareciera haber una aparente estabilidad en el mercado de trabajo o al menos efectos negativos de magnitud moderada. Entonces nos preguntamos ¿cómo puede ser que con la agresividad de las políticas aplicadas no haya caído más el empleo? ¿y por qué no se disparó la desocupación como si ocurrió a inicios de la década de 1990? Para comenzar a responder estas preguntas, podemos analizar los cambios en la composición de la población ocupada. De esta manera, lo que se observa es que en el total país disminuyó la proporción de asalariados (de 74,7% a 72,7%) y se ha incrementado el cuentapropismo (de 21,9% a 23,5%). Dentro de la población asalariada creció la participación del trabajo no registrado (del 35,7% al 36,3%), es decir, la proporción de asalariados que no se encuentran registrados en ninguno de los sistemas de seguridad social. Es decir, que se deterioró la composición de la población ocupada.

Sumado a ello, la búsqueda de empleo por parte de la población ocupada siguió cayendo a niveles récord. Este efecto de desaliento es un fenómeno multicausal que se inició a partir de la recesión de 2018, explicado principalmente por el propio contexto economómico que generó un abandono de la búsqueda de empleo por parte de los integrantes de la PEA (al no haber trabajo, dejaron de buscarlo). Sin embargo, a partir de la postpandemia es posible que a la principal causa del abandono en la búsqueda de empleo se sume el fenómeno creciente del trabajo de plataformas que incluye actividades de delivery y transporte de pasajeros. Estas opciones se incorporan como una rápida salida laboral, aunque desprotegida, inestable y de menores ingresos. Esta hipótesis que incorpora el fenómeno del trabajo de plataformas resulta consistente dado que, frente a disminuciones en la cantidad de trabajo formal, la tasa de empleo se mantiene casi constante (con cambios en su composición dado que hay menos asalariados y más trabajo por cuenta propia), la tasa de desocupación se mantiene en niveles bajos (no se dispara como en ocurría en los ‘90) y disminuye la tasa de ocupados demandantes.

2) El SIPA permite medir la cantidad de trabajadores registrados a partir de datos poblacionales (no es una muestra). A partir de la implementación del nuevo modelo económico se viene produciendo una sistemática destrucción de puestos de trabajo registrados. En Argentina la cantidad total de trabajadores registrados disminuyó en 453.262 personas en el primer trimestre de 2025 (respecto a igual trimestre de 2024), llegando a 12.876.403 (por debajo el máximo histórico conseguido en 2023). Estas disminuciones interanuales superan la ocurrida en mayo de 2020 en plena pandemia de COVID-19 (en ese entonces la disminución había sido de 362.078).

Las modalidades más afectadas son las asalariadas, es decir, las que tienen mayor nivel de protección y derechos laborales: asalariados privados, asalariados públicos y asalariadas de casas particulares. También la modalidad Monotributo social, que se encuentra integrada por grupos poblacionales más vulnerables y que trabajan principalmente en sectores de la economía popular.

En la siguiente tabla se puede apreciar que si comparamos con lo que ocurrió en gobiernos anteriores, la diferencia en la evolución del trabajo registrado es notable

Tabla Nº 1. Variación de la cantidad de trabajadores por período presidencial (a diciembre de cada año).

Fuente: elaboración propia en base a datos del SIPA.

*Los datos del SIPA discriminados por modalidad de ocupación se encuentran disponibles a partir de enero de 2012.

**Corresponde al primer año de gobierno

3) Como no hay información oficial del SIPA para Mar del Plata, analizamos los datos provenientes de la EIL, que releva información mensual a las empresas de 5 y más personas ocupadas. En este sentido, desde mediados de 2024 se fue generando una desaceleración en la creación de empleo y a partir de marzo de 2025 se generó una destrucción de empleo (-1,2%, que representa alrededor de 1.300 trabajadores menos). Las ramas de actividad más afectadas son “Construcción” y “Servicios comunales, sociales y personales”. Asimismo, se ha desacelerado la creación de puestos de trabajo en “Industria manufacturera”, “Comercio, restaurantes y hoteles”. En el resto de las ramas se mantienen los descensos ocurridos en 2023.

En definitiva, en Mar del Plata y Argentina si bien la tasa de empleo y desocupación se mantienen aparentemente estables, al indagar en la composición de la población ocupada y complementar con otras fuentes estadísticas se evidencia un claro deteriorado en la cantidad y calidad del trabajo. El aumento de la informalidad en general puede estar originada a partir de quienes pierden un empleo formal y se refugian en la informalidad, o bien, cómo inserciones laborales de trabajadoras/es adicionales, donde el trabajo mediado por plataformas estaría jugando un rol central.

La naturaleza contractiva de las últimas medidas de política monetaria aplicadas durante julio y agosto para contener el precio del dólar (aumentos de tasas de interés y de encajes), sumada a la continuidad de la política fiscal contractiva (reducción del gasto público) y al aumento salarial previsto por debajo de la inflación, nos permite inferir que los efectos negativos sobre la economía real continúen a lo largo de este año, tanto en el nivel de producción como el de empleo. Por ende, y dado el nivel de endeudamiento externo actual, todo apunta a que nos estamos encaminando a una reducción del bienestar social y de la calidad de vida de la población que será muy difícil de revertir en los próximos años si no se consigue llevar a cabo una política de desarrollo económico que permita la entrada de divisas genuinas a través del comercio exterior. Medida económica que por el momento no se encuentra en la agenda política de la actual gestión de gobierno.

Para mayor información sobre esta temática invitamos a leer el Informe Sociolaboral del Partido de General Pueyrredon en este link: https://nulan.mdp.edu.ar/id/eprint/4368/1/InfoSociolabAgo2025.pdf

“Un montón trabajando para un montón”. Los CBE y su proyección actual en el Municipio de General Pueyrredón

Marcela Ferrari – CONICET

Laura Ciraudo – MESA DE GÉNERO – SOC. FOMENTO BARRIO LAS HERAS

La ciudad de Mar del Plata registra una larga trayectoria de organización barrial. Sociedades de fomento y de socorros mutuos, partidos vecinalistas, movimientos sociales de base territorial son algunas de las formas que canalizaron las demandas y la representación popular hasta la actualidad.

Cuando arreció la pandemia por COVID-19, para disminuir los efectos negativos asociados a ese flagelo, en los barrios no céntricos de Mar del Plata y en Batán se organizaron treinta y tres Comités Barriales de Emergencia, conocidos por sus siglas: los CBE.[1]

Los CBE fueron un dispositivo de articulación comunitaria, de base popular. Se formaron a partir de una red de asistencia social robusta que ya se encontraba extendida en el Partido de General Pueyrredon al desatarse la pandemia por COVID-19. Fueron impulsados por los vecinos organizados y en ellos participaron iglesias, clubes, organizaciones sociales, escuelas, universidades, sociedades de fomento, centros y salas de salud, comedores y merenderos. Alcanzaron un grado de organización superior a aquella red.

Los comités agrupaban hasta cinco barrios de cada una de las cuatro zonas en que fue dividida la ciudad de Mar del Plata -Norte, Sur, Oeste y Suroeste- y Batán. Los referentes territoriales organizados trabajaron coordinadamente para responder a distintas alertas: alimentaria, sanitaria, monitoreo de precios, violencia familiar y de género. La alimentación era prioritaria porque “sin comida, no hay salud”, como decían. Se ocupaban de la logística de distribución de alimentos, secos y frescos, que proveían a los comedores y merenderos, como también de la función preventiva de salud, a través del plan CuiDARnos que ellos mismos propusieron al municipio.[2] Así, contribuyeron a cubrir las necesidades básicas de alimentos, la prevención en salud y la distribución de medicamentos para garantizar la supervivencia de las familias aisladas o vulneradas -en especial, ancianos y niñeces- en el contexto de aislamiento, que implicaba además la suspensión del trabajo.

Los CBE dejaron un saldo positivo. Permitieron la formación de liderazgos comunitarios, la cooperación entre organizaciones y entre barrios, la canalización de demandas en términos de derechos, la construcción de agendas de trabajo en función de las urgencias detectadas, la configuración de identidades.[3] En los barrios, quedó claro que los propios vecinos son quienes mejor conocen sus problemas y pueden contribuir colectivamente a su resolución.

A cinco años de esa experiencia, nos preguntamos qué quedó de aquella organización o, en su defecto, cómo fue capitalizada. Nos interesa conocer de qué manera los protagonistas recuperan aquella experiencia y su proyección en el contexto actual, en pleno auge de lo que desde el gobierno nacional se denomina anarcocapitalismo, que supone el retiro del Estado como garante de la calidad de vida de la población.

Para ello, realizamos una consulta a veinte referentes barriales (integrantes de los CBE, responsables de comedores y merenderos, participantes de la Mesa Social y Mesa de Género) provenientes de cada una de las cuatro zonas de distribución de alimentos en la ciudad de Mar del Plata y en Batán. En esta aproximación de carácter descriptivo, la información es presentada a manera de síntesis cualitativa en base al conjunto de respuestas, lo que no nos exime de advertir que existen modulaciones de las problemáticas en distintas zonas. Para finalizar, realizamos una conclusión breve, en cuanto a la actualidad de la problemática.

 

Continuidad de los CBE

1- En el territorio que habitás, ¿continúan actuando los Comités Barriales o alguna forma organizativa desprendida de esa experiencia que siga trabajando sobre las alertas que llevaron a su formación (alimentaria, sanitaria, monitoreo de precios, violencia familiar y de género). ¿Podés describir brevemente cuál es?

Los CBE en tanto estructura organizativa que asumió la necesidad de resolver problemas concretos de la población, derivados directa o indirectamente de la pandemia y la pospandemia, no continúan funcionando (100% de las respuestas). Aun así, todos los informantes refieren que se mantienen los vínculos establecidos. (Ver respuesta 2)

Las redes sociales preexistentes en cada territorio continúan vigentes y, allí donde se mantienen, sus integrantes afirman haber salido fortalecidos después de atravesar aquella experiencia. Existen espacios organizativos que se formaron a partir de los CBE y continúan respondiendo a las demandas de sectores vulnerados.

Los principales desprendimientos atienden dos tipos de necesidades. En primer lugar, los comedores y merenderos. El 50% de los referentes consultados destaca la continuidad de esos espacios donde se ofrece asistencia alimentaria, aunque se encuentren muy disminuidos en número, días de atención y cantidad de viandas elaboradas con respecto a los períodos de pandemia y pospandemia. La principal causa de esa merma no deriva de la superación de las carencias sino de la suspensión de la entrega de alimentos frescos (carnes y verduras), que era canalizada a través del Municipio. Pese a la escasez de recursos, continúan prestando servicios gracias a las donaciones recibidas. Existe gran preocupación ante el incremento actual de insuficiencia alimentaria en los barrios donde funcionan comedores comunitarios. Se percibe la necesidad de multiplicarlos.

En segundo lugar, se destacan las mesas de género (40% de las respuestas). Funcionan de manera diferenciada dentro de estructuras comunitarias preexistentes, tales como las sociedades de fomento. Ofrecen escucha y acompañamiento a las mujeres, infancias a cargo y diversidades, trabajan en asistencia y prevención de la violencia de género. Contribuyen a la formación de una red de acompañantes con el objetivo de “cuidar a las que cuidan”. Se registran proyectos de emprendedurismo, tales como el de confección de ropa para el Hogar Gloria Galé desarrollado por la Mesa de Género de Barrio Las Heras, donde se albergan mujeres en situación de protección.

En el aspecto sanitario, una deriva importante fue la formación de mil setecientas promotoras y promotores de salud en el marco del Plan CuiDARnos, que se incorporaron a vacunatorios y, en algunos casos, continúan desempeñándose en centros de salud o en la red de Salud Mental del PGP.

 

La red de lazos comunitarios

2- ¿Siguen en contacto con algunos de los integrantes de la red comunitaria que acompañó su formación (municipio, iglesias, universidad, escuelas, clubes, entre otros)? ¿De qué manera?

En un 100% las respuestas reflejan la continuidad en los vínculos comunitarios establecidos durante el funcionamiento de los CBE (100%), aunque con variaciones en intensidad, frecuencia y actores involucrados según el territorio y el nivel de organización. Las personas entrevistadas afirman que los contactos con integrantes de la red comunitaria se mantienen, con instituciones formales o por vínculos informales.

Entre las primeras, destacan a la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMDP), que a través de la Secretaría de Extensión y de los Centros de Extensión Universitaria (CEU) ubicados en barrios no céntricos, articulan proyectos de formación, acompañamiento, actividades culturales y capacitaciones. La Universidad es reconocida como una aliada estable y activa. Por otro lado, las escuelas y los clubes son espacios de derivación, apoyo escolar, actividades deportivas y sociocomunitarias. Algunas de las sociedades de fomento se consolidaron como nodos territoriales clave para la articulación con instituciones y vecinos. Las iglesias, por su parte, cumplen roles de contención, organización de comedores y asistencia directa. Los Centros de Atención Primaria de la Salud (CAPS) y los hospitales articulan el trabajo en salud, campañas de vacunación y promoción comunitaria. En cuanto a los lazos informales, en los testimonios se recuperan la permanencia de grupos de WhatsApp, los vínculos personales entre referentes, la existencia de comisiones barriales y articulaciones espontáneas. En suma, ya sea las acciones que derivan de estructuras formales contribuyen a sostener la ayuda alimentaria, el abordaje de violencias, la organización de actividades de la comunidad en plazas, comedores o bibliotecas.

En cambio, la relación con organismos estatales, especialmente municipales y nacionales, aparece como muy débil o directamente ausente. Varios testimonios indican que la articulación con el municipio fue “nula” o se interrumpió, la ayuda alimentaria cesó a fines de 2023. Es por eso que la continuidad de numerosas acciones que en su momento desarrollaban los CBE depende exclusivamente del esfuerzo de redes autogestivas, del respaldo de la universidad y de agencias del gobierno bonaerense.

En suma, más allá de la disolución de los CBE, en las respuestas se evidencia que la experiencia generó aprendizajes y tejidos comunitarios que perduran. Estos derivan en reencuentros entre militantes o referentes que, agrupándose, dan lugar a la formación de mesas intersectoriales o redes institucionales barriales que actúan ante alertas, en especial las que sostienen el acompañamiento ante situaciones de violencia de género o necesidades escolares.

 

Los problemas emergentes en los barrios

3- ¿Creés que se podría reflotar esa experiencia organizativa para trabajar sobre alguno o algunos de los problemas que afectan a tu barrio? ¿qué problemas?

Las respuestas reflejan con claridad que la pandemia no sólo visibilizó sino que profundizó múltiples problemáticas estructurales en los barrios. Estas se manifiestan de manera transversal en distintas áreas de la vida comunitaria, con distinta intensidad según el barrio. En orden de prioridad, se destacan las siguientes seis:

  • Agravamiento de la situación alimentaria: la inseguridad alimentaria se menciona de forma recurrente y urgente. Se señala el encarecimiento de los alimentos, la imposibilidad de acceder a productos básicos y, como se señaló, la disminución o cese de ayuda estatal. Un 70% de las respuestas expresan que los comedores y merenderos no dan abasto o han tenido que cerrar por falta de recursos.

“La situación alimentaria se profundizó, cada vez más familias piden viandas.”

“Ya no llega mercadería del Estado, todo sale de las organizaciones.”

  • Violencias de género y familiares: Las situaciones de violencia familiar y de género aumentaron durante la pandemia y se sostienen en la actualidad. Se observan redes comunitarias que continúan acompañando, pero sin recursos suficientes ni respaldo estatal. La UNMDP aparece como un espacio de apoyo a las mesas de género existentes. Existen formas de abordaje comunitario: rondas de mujeres, grupos de escucha, derivaciones espontáneas.

“Se agravaron las situaciones de violencia intrafamiliar.”

“Seguimos conteniendo con las herramientas que tenemos, entre vecinas.”

  • Desempleo, precarización laboral y falta de ingresos: La pérdida de empleo, el trabajo informal inestable y el aumento de la pobreza se perciben como agravados desde la pandemia. Se profundiza la dependencia de la asistencia alimentaria o del trabajo autogestivo. En la actual coyuntura aparece con fuerza la problemática de las y los trabajadores vinculados a la actividad del Puerto de Mar del Plata.

“Mucha gente quedó sin laburo y vive de changas, ferias o comedores.”

  • Problemas de salud mental y emocional: Se menciona un incremento de las problemáticas de salud mental, especialmente en mujeres, niñeces y personas mayores. La falta de atención pública oportuna profundiza esta situación. Algunas experiencias incluyen intentos de respuesta desde redes barriales o extensión universitaria (espacios de escucha, talleres de cuidado).

“Hay muchas situaciones de angustia y ansiedad, sobre todo en las mujeres.”

  • Problemas habitacionales y ambientales: Se mencionan desalojos, situaciones de hacinamiento, viviendas precarias y falta de acceso a servicios básicos. La existencia de microbasurales también aparece en algunos territorios, junto a la falta de infraestructura urbana.

“La gente construye como puede, no hay ayuda para mejorar las casas.”

  • Desvinculación educativa: Se detecta un alto índice de abandono escolar, sobre todo en jóvenes -especialmente de nivel secundario- durante y después de la pandemia. Por su parte, las escuelas y organizaciones (entre otras, el Envión) intentan contener, pero sus recursos resultan insuficientes.

 

Los CBE evaluados en clave personal y organizacional

4- ¿Qué significó para vos y/o para la organización de la que formás parte la construcción de los CBE?

En la dimensión personal, las personas afirmaron que la participación en los CBE fue un aprendizaje transformador, que las atravesó. Relataron haber sentido orgullo, crecimiento y superación de miedos -en especial, los ligados al contagio y la muerte.[4] Se menciona a los CBE como un puente entre el aislamiento y la comunidad, como una instancia que permitió sacar lo mejor de cada une, y también experimentar dificultades emocionales profundas. En varios relatos aparece la gratitud, tanto por lo vivido como por haber podido ayudar y haber recibido reconocimiento de la comunidad.

“Me salvó de un montón de cosas. Sacó lo mejor de mí y también lo peor […] Lo haría con todo el corazón”.

“Me reafirmó mis ideas de lucha y de que un mundo distinto es posible”.

En cuanto a la organización comunitaria, los CBE fueron valorados como una forma de organización cooperativa, democrática, solidaria y eficaz, que permitió llegar a quienes más lo necesitaban durante la pandemia por COVID-19. Varios testimonios resaltan la capacidad de articulación con actores diversos a los que ya se hizo mención en este análisis (vecinos, universidad, iglesia, ONGs, instituciones estatales, clubes, centros de jubilados, entre otros). Esta articulación se presentó como novedosa y enriquecedora, generadora de redes duraderas.

“Nos organizamos con distintos pensamientos, pero confluimos en un mismo objetivo”.

“El Consorcio Portuario nos donó mercadería, y chicos que daban clases de surf ropa. Así seguimos entregando porque el municipio ya no daba nada”.

En tal sentido, se constituyeron como una herramienta de acción territorial y política. Se registran relatos que enfatizan que los CBE no fueron sólo una respuesta solidaria momentánea, sino una herramienta de lucha, de construcción de poder popular y de desarrollo del tejido social. Varios/as entrevistados/as continúan hoy realizando tareas sociales o políticas basadas en esa experiencia, a través de redes feministas, como promotoras territoriales en salud pública formadas en las capacitaciones recibidas y en el desarrollo del plan CuiDARnos organizado desde los CBE, como agentes de educación popular.

“Los CBE son presente porque nos dejaron herramientas de unidad, de lucha y de empatía”.

“Una poderosa herramienta de lucha y de forjar soluciones colectivas”.

Por cierto, se reconoce que también existieron tensiones internas y dificultades para sostener la horizontalidad o para consolidar un trabajo interorganizacional estable. En algunos casos, se generaron roces o disputas por espacios institucionales (por ejemplo, en las sociedades de fomento), que pusieron a prueba la continuidad del trabajo colectivo. No obstante, los aprendizajes fueron valorados positivamente incluso en contextos conflictivos.

“Luego se empezaron a generar roces que difícilmente se solucionan”.

“Nos resultó más fácil replegarnos a nuestra sede y trabajar desde ahí”.

 

Algunas conclusiones

Los CBE impactaron en los barrios no céntricos de Mar del Plata y en Batán. Los testimonios de los referentes consultados dan cuenta del aprendizaje de formas de organización autogestiva, con participación de las bases sociales.

Las respuestas revelan que los CBE fueron una experiencia profundamente significativa, tanto en el plano personal como organizativo. Constituyeron una forma novedosa de respuesta popular frente a la emergencia, que dejó marcas, aprendizajes y estructuras aún activas.

Ofrecieron una respuesta colectiva frente a la incertidumbre, el aislamiento y la desprotección estatal. La solidaridad barrial, la escucha, la entrega de alimentos y el acompañamiento emocional fueron centrales. La experiencia permitió ver el barrio desde otra perspectiva y generó lazos que hoy perduran.

“Nos acercábamos a llevar no solo comida, sino aliento”.

“Fue acercar a familias alimentos de todo tipo, escucharlos y nos dio fuerza”.

Es decir, aunque se enfrentaron obstáculos, la valoración general es altamente positiva. Por eso, la mayoría de las personas que respondieron a nuestra consulta expresan el deseo e incluso la necesidad de recrear esas formas organizativas en el contexto actual, para poder vivir con dignidad y conectarse con proyectos de vida significativos.

Mar del Plata, 7 de julio de 2025

[1] Cf. Ferrari M., Lucero P., Ares S. y Mikkelsen C. (2022) “Los Comités Barriales de Emergencia. Una experiencia de acción colectiva”. En: https://observatoriopolitico.com.ar/los-comites-barriales-de-emergencia-una-experiencia-de-accion-colectiva/. Agüero, J. y Martínez, S. (2022) “Procesos de construcción de poder popular. La experiencia de los comités barriales de Emergencia en el Municipio de General Pueyrredon (Buenos Aires, Argentina”. En Ferrari, M. (dir.), Tiempos de pandemia en la ciudad feliz. Mar del Plata y el partido de General Pueyrredon (2020-2021). Rosario, Prohistoria, pp. 73-92. Muñoz, M. A. (comp.) (2025), Covid-19 y barrios populares. Problemas sociales y soluciones políticas en el partido de General Pueyrredon. Mar del Plata, EUDEM.

[2] Cf. “Comienza la implementación del plan ciuDARnos en Mar del Plata y Batán”. Mar del Plata, 1/7/2020. https://www.mardelplata.gob.ar/Contenido/comienza-la-implementaci%C3%B3n-del-plan-ciudarnos-en -mar-del-plata-y-bat%C3%A1n.

[3] Agüero y Martínez, op. cit.

[4] El COVID 19 afectó a numerosos integrantes de los CBE, los comedores y los merenderos, los promotores de salud, que hasta derivó en su deceso.

Mar del Plata y las localidades, mirando el otro territorio de General Pueyrredón

Dra. Sofía Ares

Instituto de Humanidades y Ciencias Sociales (CONICET-UNMdP)

Grupo de Estudios sobre Población y Territorio (FHUM, UNMdP)

Presentación

Desde los primeros tiempos de su historia, Mar del Plata es protagonista del acontecer local y regional. Reconocemos que no le faltaron méritos en estos 150 años en los que pasó de ser un saladero y puerto a la ciudad diversa del presente, es decir, a convertirse en el “sueño de los argentinos” (Pastoriza y Torre, 2021).  Ahora, sin embargo, cambiaremos la mirada, iluminando al resto del partido, allí donde las localidades articulan un entramado que se desarrolla entre lo rural y lo urbano.

Hablar de las localidades nos lleva en primer término a responder una pregunta en apariencia simple: ¿qué es una localidad? Las localidades tienen dimensiones físicas y demográficas, según aclara el Diccionario de la Lengua Española (Real Academia Española). Pierre George (2004) indica que es un “lugar designado mediante un topónimo correspondiente a una población o hábitat. A menudo es sinónimo de pueblo” (s/p). López Trigal (2015), por su parte, le agrega la noción de identidad. En consecuencia, las localidades integran soporte material, población, historia, relaciones sociales y de poder, sentimientos de arraigo, constituyendo territorios que pueden ser atractivos o que, por el contrario, no cuentan con elementos para retener o atraer a la población y se encuentran en franco declive.

En el Partido de General Pueyrredon (667082 habitantes, INDEC, 2022), el origen de las localidades es variado. En algunas fue el trazado del ferrocarril (Estación Camet y Chapadmalal), en otras la subdivisión por herencia de las grandes propiedades (Pueblo de Peralta Ramos) o situaciones de crisis económica que incidieron en las decisiones de lotear al menos parte de algunas grandes estancias (Chapadmalal, El Boquerón, El Casal). Más acá en el tiempo, a mediados del siglo XX los ideales de la ciudad-jardín estuvieron presentes en el diseño de barrios que hoy conforman Sierra de los Padres-La Peregrina (Sierra de los Padres o Colinas Verdes).  Como características que unen a los pueblos de General Pueyrredon debemos destacar que emergieron al compás de las necesidades de cada tiempo, cercanos a las vías de comunicación, pero siempre fuera de Mar del Plata (Figura 1).

Con escasa población y con funciones específicas centradas en los servicios para el sector agroproductivo o para las actividades ocio-turísticas, los pueblos permanecieron eclipsados por Mar del Plata hasta las últimas décadas del siglo XX, cuando se intensifica su crecimiento.

Figura 1. Localidades por década de fundación y extensión del continuo urbano de Mar del Plata (1912-2020)

Las localidades: crecimiento, cambios y continuidades

El conjunto de localidades de General Pueyrredon no es estable, sino que se fue modificando, acompañando transiciones socioeconómicos y culturales. De tal suerte que el grupo de localidades identificado por Mantobani (2004) o Sagua (2004) devino en un elenco más reducido, ajustado aplicando técnicas como la observación directa, el contraste con fuentes censales e imágenes satelitales (Figura 2).

Figura 2. Localidades de General Pueyrredon con menos de 20.000 habitantes.

Fuente: Elaboración personal en base a datos del INDEC. Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 1991, 2001, 2010 y 2022, procesados con REDATAM+SP

El crecimiento demográfico y la expansión territorial de las localidades pequeñas, como también de Mar del Plata, llevaron a la reducción en el número de aglomeraciones, como esquematizamos en la Figura 3.  El proceso de aglomeración en Mar del Plata, reconoce hasta 1991 una etapa donde se van integrando al ejido urbano unidades espaciales que hasta entonces INDEC identicaba como localidades (por ejemplo Punta Mogotes, La Florida, Barrio Belgrano, Félix U. Camet, entre otras). Es decir, áreas que no eran aglomeraciones fundadas como tales pero que estadísticamente eran identificadas de ese modo. En un segundo momento, luego de 2001, Estación Camet, y sus barrios, queda integrada entre sí y con Mar del Plata. Hacia 2010 se reúnen las unidades espaciales de la Autovía 226 y continúan reduciéndose las distancias relativas entre Mar del Plata y Batán.

Luego de 2022, finalmente, observamos que está en marcha el proceso de extensión de las localidades en la ruta 11, con distintas características entre el norte y el sur. Así, hay procesos que trascienden la jurisdicción del partido, hacia el norte con Mar Chiquita y hacia el sur con General Alvarado. Hacia la zona meridional se sumaron dos emprendimiento privados (Olas Chapadmalal y La Paloma) en los últimos dos años, que empujarán hacia el sur los límites de Mar del Plata y hacia el norte los de Chapadmalal.

Sobre la Autovía 226, la ampliación territorial de Mar del Plata se hace cada vez más notoria, influenciada por la construcción de un barrio privado (Developer Aqua) en proximidad del barrio La Herradura. Otros emprendimientos, ligados con el sector primario y la logística también contribuyen a la densificación, mostrando casi un continuo hasta Santa Paula. Sierra de los Padres-La Peregrina, por la intensidad de su poblamiento aglomeró a varias unidades espaciales (El Coyunco, La Gloria de la Peregrina, Sierra de los Padres, Colinas de los Padres, Colinas Verdes) conformando una localidad que concentra una variedad de actividades económicas, tanto las propias de sector primario como las residenciales, de servicios gastronómicos y turísticos.

En lo que refiere al área de la Autovía 2, la prolongación territorial es antigua pero persistente en el tiempo. En cambio, El Casal, en el límite con Mar Chiquita, está ajeno al crecimiento intenso, conservando una impronta ligada con las ruralidades tradicionales.  Por último, en la ruta 88 casi desaparecieron las distancias que separaban la ciudad de Mar del Plata y Batán, pero perduran relativamente aisladas Estación Chapadmalal y El Boquerón.

Figura 3. Dinámica de las localidades del PGP. 1991-2024.

Fuente: Elaboración personal

El cambio poblacional en los pueblos de General Pueyrredon es muy acelerado y constante (Figura 4), con los cual en el partido no desaparecen localidades por despoblamiento sino por extensión territorial, adquiriendo cada vez mayor dinamismo, complejidad y densidad.

En todos los casos, en un distrito con bajos niveles de crecimiento natural, la velocidad del cambio demográfico en las aglomeraciones está asociada con la movilidad territorial de la población. Por una parte, con las movilidades generadas desde el rural disperso que no deja de perder pobladores. Por otra, con las movilidades originadas en centros urbanos, sea Mar del Plata u otros que incluyen personas arribadas desde distintos lugares del país o incluso del extranjero. En este sentido hemos reconocido que la elección de residir en los pueblos está relacionada con la búsqueda de ambientes de mayor naturalidad -antagónicos a la artificialidad de las ciudades-, tranquilidad y seguridad (Mikkelsen, 2007; Ares y Mikkelsen, 2010; Ares, Mikkelsen y Carballo, 2020). Debemos indicar que más allá de la romantización de los territorios de ruralidad los procesos especulativos con el suelo urbano muchas veces obligan a los sujetos a residir en áreas impensadas, transformando la búsqueda residencial en un cambio de vida (Ares et al, 2020).

El atractivo paisajístico del área costera y serrana, el plan PRO.CRE.AR, así como el diferencial en los valores inmobiliarios permitieron, luego de 2010, sostener los escenarios con aceleradas transformaciones demográficas. Después de 2020 debemos tener presente el rol que jugó la pandemia por SARS-CoV-2 renovando las necesidades y demandas de algunos sectores sociales -espacio, verde, distancias, tranquilidad, turismo de proximidad, deportes al aire libre-.

Figura 4. Tasas de crecimiento intercensales (1991-2022)

Mar del Plata, en fin, no ha estado sola en estos 150 años y entre ella y las localidades se ha tejido una trama de poblados fortalecida por la consolidación demográfica, los intercambios sociales y económicos. La extensión territorial de Mar del Plata, así como la evolución demográfica de las localidades acarrean cambios. Uno de ellos es la movilidad diaria cada vez más intensa, con la ciudad cabecera como punto focal de muchos desplazamientos. Otro, lo constituyen las demandas de los habitantes de las localidades, principalmente en relación con los servicios públicos esenciales (educación, salud, redes de electricidad, gas, saneamiento, transporte). Así, los pueblos muestran, en el cotidiano, que cuentan con entramados sociales más o menos densos desde los que se gestionan demandas, a veces configuradas como movimientos socioterritoriales, en pos de lograr mayor bienestar social y reducir las injusticias.

 

Referencias bibliográficas

Ares, S. y Mikkelsen, C. (2010) Dime dónde vives y sabré por qué llegaste. Movilidad territorial y poblamiento de localidades pequeñas del partido de General Pueyrredon. Investigaciones geográficas, (72), 101-119. Recuperado de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0188-46112010000200008&lng=es&tlng=es

Ares, S; Mikkelsen, C; Carballo, C. (2020). Los buscadores. Narraciones territoriales de nuevos géneros de vida rural en el partido de General Pueyrredon, provincia de Buenos Aires. Revista de Ciencias Sociales, Segunda Época. 11(38), 137-155. Recuperado de http://ridaa.unq.edu.ar/handle/20.500.11807/3573

George, P. (Director) (2004). Diccionario Akal de Geografía. Madrid-España: Akal

INDEC. Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2010 y 2022. Base de datos REDATAM+.

INDEC. Censos Nacionales de Población, 1991 y 2001. Base de Usuarios. REDATAM +

López Trigal, L. (Director) (2015). Diccionario de Geografía Aplicada y Profesional. León-España: Universidad de León. Recuperado de https://www.uv.es/~javier/index_archivos/Diccionario_Geografia%20Aplicada.pdf

Mantobani, J. M. (2004) Territorio, población y localidad: pasos hacia el Desarrollo Local del Partido de General Pueyrredon. En: Velázquez, G., Lucero, P. Y Mantobani, J. M. (Autores y Editores). Nuestra Geografía Local. Población, urbanización y transformaciones socio-territoriales en el Partido de General Pueyrredon, Argentina, 1975-2000. (pp. 77-128). Mar del Plata: GESPyT, FH, UNMdP.

Mikkelsen, C. (2007). No me banco las hormigas, yo me voy de la ciudad. Los cambios de residencia en el Partido de General Pueyrredon. En Sánchez, L. (Editora) Observar y escuchar. (pp. 45-75). Mar del Plata: EUDEM.

Pastoriza, E. y Torre, J.C. (2021). Mar del Plata, un sueño de los argentinos. Buenos Aires: Edhasa. Libro digital, EPUB

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Sagua, M. (2004) Dinámica sociodemográfica y ambiente al interior del Partido de General Pueyrredon. En: Velázquez, G; Lucero, P y Mantobani, J. M (Autores y Editores). Nuestra Geografía Local. Población, urbanización y transformaciones socio-territoriales en el Partido de General Pueyrredon, Argentina, 1975-2000. (pp. 129-165) Mar del Plata: GESPyT, FH, UNMdP.

 

La presencia de los italianos en Mar del Plata: desde su fundación hasta la actualidad

Dra. en Historia Bettina Favero

INHUS- CEHis- CONICET- UNMdP

 

Mar del Plata fue fundada en el año 1874, surgió como un pequeño núcleo de población que se ocupaba de las tareas rurales de muy baja especialización, pero con el paso de los años fue creciendo y complejizándose hasta alcanzar un desarrollo importante. La llegada de inmigrantes desde sus primeros años provocó un aumento de la población con un crecimiento anual medio de 6,34% para 1895 y de 3,51% para 1914, siendo en ese mismo año, el 47% de la población de origen extranjero.

 

Cuadro 1. Composición de la población  nativa y extranjera del Partido de General Pueyrredon (1881 – 1914)

Origen 1881 1890 1895 1914
España 421 1.402 1.211 7.654
Italia 246 1.203 1.288 5.929
Francia 182 621 407 566
Suiza (2) 15 62 68 51
Otros (3) 130 286 246 1.295
Nativos 3.036 5.065 4.955 17.445
Total extranjeros 994 3.574 3.220 15.495
Totales generales 4.030 8.639 8.175 32.940

Fuente: elaboración de la autora sobre la base de Censos Nacionales y Provinciales

(1) En 1881, el Partido de General Pueyrredon comprendía al Partido de General Alvarado.

(2) En su gran mayoría eran originarios de provincias del norte de Italia.

(3) Incluye los siguientes grupos: alemanes, austriacos, ingleses, otros europeos, americanos, uruguayos y otros

 

Las actividades económicas que se desarrollaban en la ciudad se concentraban en el sector secundario (artesanos y obreros calificados) y terciario (comerciantes y proveedores de servicios). Durante esta época, y en estrecha relación con el auge del turismo en la ciudad, crecieron los sectores relacionados con la hotelería, la gastronomía y la construcción donde los italianos ocupaban un alto porcentaje. El sector de los servicios y el de los artesanos e industriales se fue desarrollando con el paso del tiempo debido, por un lado, a la construcción de las mansiones de los veraneantes y de las casas de los habitantes de la ciudad, y por otro, al crecimiento del comercio y de los oficios que se sustentaba con el acrecentamiento del consumo de una población en aumento constante. El Registro de Extranjeros de la ciudad de Mar del Plata del año 1934 indica que sobre un total de 281 personas asentadas, 130 eran italianos, es decir un 46,2% sobre el total. Entre ellos, el 60% se dedicaba al comercio, el 15,4% era propietario de vivienda y el 13% se vinculaba a la construcción. Asimismo, con la llegada y el establecimiento de estos inmigrantes surgieron las primeras asociaciones étnicas. En el año 1884 se fundó la Asociación de Socorros Mutuos “Giuseppe Garibaldi”, desmembrándose en 1899 en la “Asociación XX de Septiembre”. Ambas instituciones se unieron nuevamente en 1960 dando origen a la actual “Asociación G. Garibaldi y XX de Septiembre Unidas”. Dichas instituciones, llamadas de socorros mutuos, surgieron ante la ausencia de servicios de salud pública y de obras sociales y tenían una función asistencial y cultural.

Hacia fines de los años cuarenta y principios de los cincuenta en el siglo XX asistimos a una de las etapas de transformación más significativas de Mar del Plata que ya se presentaba como una de las ciudades del interior con mayor expansión, dando una imagen de movimiento y de cambio permanente que resultaba sumamente atractiva para el establecimiento de nuevos pobladores. Así, durante más de una década, entre 1947 y 1960, la ciudad recibió un importante caudal de migrantes provenientes de Europa y de los partidos bonaerenses vecinos. Según los Censos Nacionales, Mar del Plata contaba en 1947 con 123.000 habitantes entre los cuales el 21% eran extranjeros mientras que en 1960 la población extranjera alcanzaba el 18% sobre el total. En este contexto de expansión demográfica y económica, se instalaron inmigrantes italianos que no sólo incrementaron la población de la ciudad sino que también se insertaron en ella de distintas formas dinamizando la vida y la trama social urbana marplatense, favoreciendo la ampliación de la sociedad y la diversificación de las actividades económicas y culturales. Así, surgieron dos instituciones claves en el desarrollo del asociacionismo en Mar del Plata. En el año 1954 nació la Asociación Italiana “Las Tres Venecias” (primera de origen regional) y en 1955 la Asociación Italiana del Puerto “Casa d’Italia”. Ambas, fueron conformadas por inmigrantes ya establecidos en la ciudad, que permitieron la incorporación de los recién llegados. Asimismo, muchos de estos nuevos inmigrantes, sobre todo los más jóvenes, además de concurrir a las instituciones anteriormente mencionadas, se reunían en el Centro Italiano Marplatense (CIM). En las décadas de 1970 y de 1980 se crearon la mayoría de las instituciones regionales que hoy encontramos en nuestra ciudad.

Cuadro 2. Instituciones italianas radicadas en la ciudad de Mar del Plata

Institución Año de fundación
Società di Mutuo Soccorso G. Garibaldi 1884
Società di Mutuo Soccorso XX di Settembre 1899
Associazione G. Garibaldi y XX di Settembre Unite 1969 (fusión)
Associazione Ex Combattenti 1923
Circolo Italiano 1927
Soc. Italiana “Le Tre Venezie” 1954
Asoc. Italiana del Puerto “Casa d’Italia” 1955
Centro Italiano Marplatense 1956
Associazione Dante Alighieri 1969
Fogolar Furlan 1972
Collettività Mafaldese e Molisana 1973
Associazione Regionale Marchigiana 1976
Centro Abruzzese Marplatense 1977
Circolo Calabrese Marplatense 1977
Famiglia Piemontese 1982
Circolo Giuliani nel Mondo 1985
Associazione Regionale Campana 1986
Unione Regionale Siciliana 1986
Associazione Emilia Romagna 1987
Circolo Sardi Uniti “Grazia Deledda” 1987
Circolo Trentino di Mar del Plata 1987
Centro Pugliese Marplatense 1988
Associazione Regionale Lucana 1988
Famiglia Toscana 1988
Unione Regionale del Molise 1989
Istituto Istorico Italiano 1989
Associazione Siciliana Marplatense 1990
Unione Regionale Sarda 1990
Centro Laziale Marplatense 1991
Unione Regionale Lombarda 1991
Centro Ligure Marplatense 1992

Fuente: Associazioni italiane della circoscrizione consolare di Mar del Plata con sede a Mar del Plata, Consolato d’Italia, 2004.

A lo largo de un siglo (1860 – 1970), Argentina recibió cerca de 3.000.000 de italianos entre los cuales 2.000.000 ingresaron en la etapa masiva, 670.000 entre las dos guerras y 500.000 en el primer decenio de la segunda posguerra. Tal como señalan los censos nacionales, para todo un siglo (1869-1970) en ningún momento los italianos fueron inferiores numéricamente respecto a otros grupos migratorios.

 

Cuadro 3. Población del Partido de General Pueyrredon según Censos Nacionales

Año Población total Extranjeros % extranjeros sobre población Italianos % italianos sobre población
1895 8.175 3.220 40% 1.288 15,7%
1914 32.940 15.495 47% 5.931 18%
1947 114.729 26.070 21% 10.450 9,1%
1960 224.824 40.270 18% S/d S/d

Fuente: elaboración de la autora sobre la base de los Censos Nacionales de 1895, 1914, 1947 y 1960.

La llegada de italianos e italianas a la ciudad siguió las etapas migratorias a nivel nacional. Durante la llamada etapa masiva, entre fines del siglo XIX y hasta 1910 aproximadamente, el origen regional de los migrantes italianos era preponderantemente del norte, sobresaliendo las regiones de la Lombardia, el Piemonte y el Veneto. En el período de entreguerras, este predominio septentrional fue reemplazado por el centro y el sur, específicamente por las regiones de Le Marche, Abruzzo y Molise y de la Campania, Puglia, Calabria y Sicilia. Por último, en la etapa de posguerra, el predominio fue absolutamente meridional.

 

Cuadro 4. Origen regional de los/as inmigrantes italianos/as

Etapas Regiones

Etapa Masiva

(1880-1914)

Lombardia, Piemonte y Veneto

Etapa de Entreguerras

(1920 – 1930)

Le Marche, Abruzzo, Molise, Campania, Puglia, Calabria y Sicilia

Etapa de Posguerra

(1947 – 1960)

Campania, Sicilia, Calabria, Molise y Abruzzo

 Fuente: elaboración de la autora.

 

Mapa 1. Regiones de Italia

Luego de los años 1960, Argentina no ofrecía las mismas posibilidades de trabajo que en las décadas anteriores, a lo que se sumaba el rápido proceso de reconstrucción de la posguerra que mejoró, en poco tiempo, la situación económica de gran parte de Europa. Debido a ello, el ingreso de italianos cayó considerablemente y, de esta manera, fueron perdiendo peso al confrontarlos con la población total de nuestro país, pasando de 4,9% en 1947 al 1,7% en 1980 (específicamente 786.000 a 489.000 personas), con una tendencia lógica a disminuir debido al progresivo envejecimiento y a la falta de nuevos aportes migratorios. Mar del Plata siguió esta misma tendencia. En el último censo nacional, de 2022 la ciudad registró un 3,10% de población extranjera de la cual el grupo de los italianos ocupa aún el primer lugar dentro de la población nacida en Europa.

A modo de cierre se puede afirmar que la inmigración italiana estuvo siempre presente en los 150 años de Mar del Plata. Esta presencia se puede percibir aún hoy en los apellidos de sus descendientes, en la arquitectura, en la música, en las artes plásticas, en las tradiciones gastronómicas y religiosas, en la toponimia, en las festividades y en actividades económicas como la pesca, la construcción, la hotelería y gastronomía o la industria textil tan características de la ciudad.

 

Foto 1. Tejiendo redes en la banquina. Puerto Mar del Plata (1948)

Foto 2. Familia italiana llegada a la ciudad en los años 1950. Plaza Colón, Mar del Plata (1960)

Foto 3. Fábrica de tejidos familiar. (Mar del Plata, años 1960)

Foto 4. Familia Favero – Parin procedente del Veneto a principios del siglo XX. (Mar del Plata, 1906)

Foto 5. Pasaporte de Felicia Manzo con sus hijos procedente de Duronia, Molise (1952)

La Avenida Constitución en el 150° aniversario de Mar del Plata: su transformación espacial y funcional

Profesor en Geografía, Gianfranco Policastro

GEOT-CIGSA-FHum-UNMdP

gianfrancopolicastro@mdp.edu.ar 

La ciudad de Mar del Plata ha transitado distintas etapas desde su fundación en el año 1874 por Patricio Peralta Ramos hasta la actualidad. Lejos quedaron los tiempos de aquel complejo saladeril ubicado en la zona de Punta Iglesias, así como también los años de su posterior transformación en una villa balnearia frecuentada por la elite porteña que la dotó de un estilo arquitectónico que emulaba al de las ciudades francesas (Medina, 2009), lo que le valió el apodo de la “Biarritz Argentina” (Bouvet et al., 2005). Hacia 1940 comenzó a cobrar mayor relevancia el turismo de masas, el cual entraría en crisis durante el último cuarto de siglo XX (Cicalese, 1999) hasta llegar a la actualidad, donde la ciudad se ha reconvertido en un importante centro turístico con una oferta variada, accesible para los diferentes estratos sociales y que continúa ostentando el título de principal destino turístico del litoral argentino.

A la par de esta dinámica también se han hecho notar las transformaciones de distintos sectores de la ciudad, como por ejemplo la reubicación del primer puerto y de la terminal de ómnibus de larga distancia, el auge de los hoteles y servicios complementarios, las mejoras en las vías de comunicación, y la evolución por ejemplo de las calles Güemes, Alem, San Juan o la Avenida Constitución hasta convertirse en modernos polos gastronómicos y/o comerciales.

De todas ellas, la Avenida Constitución guarda una historia especial que trasciende hasta nuestros días. Apodada la “avenida del ruido”, convocaba a miles de jóvenes en los años sesenta y setenta del siglo XX quienes al caer el sol se movilizaban hacia allí para disfrutar de la noche marplatense en alguna de sus características boîtes”, nombre que se le daba a las confiterías bailables de la época. Actualmente, esta avenida se ha convertido en un centro neurálgico de la actividad comercial, gastronómica y de esparcimiento concurrida diariamente por miles de personas de diferentes rincones de la ciudad. En el marco del 150° aniversario de “La Feliz”, resulta interesante realizar un análisis geográfico e histórico sobre esta importante arteria de la ciudad, que tan poca trascendencia ha tenido en la bibliografía académica local hasta nuestros días para tratar de explicar y comprender su devenir actual.

Ubicada al norte de la ciudad, la Avenida Constitución les da la bienvenida a los turistas que arriban a la ciudad por la Ruta N°2, principal vía de comunicación con la Capital Federal. No obstante, el paisaje que la avenida ostentaba en la década de 1950, caracterizado por una calle pavimentada y angosta rodeada de frondosos árboles y algunas construcciones, ha sufrido una transformación considerable. Donde hoy encontramos restaurantes y comercios frecuentados por los residentes de la zona antes se encontraban “night clubs” o boîtes (Sebreli, 1970). Ye-Ye, Beduino’s, del 40, Notte, Canela, Zeus, Banana, El Castillo, Enterprisse, Xanadú, son sólo algunos de los nombres de estos clubes que resonaban entre 1970 y 1980 y que se extendían a lo largo de la avenida, desde la Ruta N°2 hasta la costa (Figura 1).

 

Figura 1: Localización de las boîtes de la Av. Constitución en 1974

Fuente: Fotos de Familia N°10.666, Diario La Capital.

 

El auge de esta avenida se dio en paralelo al cambio en las formas de diversión de los jóvenes de aquel entonces. Es menester aclarar que la forma de disfrutar la noche marplatense que hoy presenciamos en bares y boliches de la zona de Playa Grande o Alem es completamente diferente a la de antes. Varias décadas atrás, salir a bailar era sinónimo de asistir a los bailes con progenitores o hermanos quienes aguardaban apaciblemente en sillas a un costado de la pista, por lo que los acercamientos entre parejas eran cuanto menos difíciles e incómodos. Ya en 1970, surgieron las primeras boîtes, confiterías bailables en donde los jóvenes asistían sin la atenta mirada de sus padres, dando lugar a un nuevo escenario para la diversión. Ya fueran residentes o turistas, adolescentes o adultos, se congregaban al anochecer en estas “confiterías bailables” ubicadas casi en su totalidad sobre esta avenida, en las cuales hasta la década de 1980 era requisito acudir en parejas para poder ingresar. Todo esto le otorgaba una cualidad distintiva que convertía esta avenida en un exponente de la noche marplatense.

Pero este período de auge nocturno de la Avenida Constitución dio paso con el correr del tiempo a una crisis de la que le fue imposible recuperase. Poco a poco, y a causa de diversos motivos, estas confiterías fueron desapareciendo hasta que en la década pasada sólo quedaban tres remanentes: Sobremonte, Chocolate y Gap, las cuales corrieron la misma suerte que sus predecesores siendo Sobremonte el último en cerrar sus puertas en enero de 2019. En la actualidad, a lo largo de la avenida encontramos oficinas, restaurantes, paseos comerciales, sucursales bancarias y otros servicios en donde antes se ubicaban estas discotecas.

El desencadenante de estos cambios en el uso de suelo no está claro; no obstante, aquí se tratará de arrojar algo de luz sobre el asunto. Como sostiene Cicalese (1999), la ciudad de Mar del Plata supo ser el principal centro veraniego del país pasando de recibir alrededor de un millón de turistas en 1950 a unos dos millones y medio en la primera mitad de 1970 gracias en parte a la proximidad espacial con la ciudad de Buenos Aires, principal emisora de turistas del territorio. Con el modelo aperturista que se inicia en la segunda mitad de 1970, comienza a producirse un leve pero sostenido descenso en el número de turistas que arriban a la ciudad, sumado a un creciente deterioro de su capacidad de gasto. Esta merma en el arribo de turistas se potenció aún más en la década de 1990 y alcanzó su pico en el año 2001, lo que, sumado a las condiciones financieras desfavorables, pudo haber sido uno de los motivos que ocasionara una merma en la concurrencia a estos sitios de esparcimiento nocturno asentados sobre la Avenida Constitución.

Por otra parte, la expansión de la urbanización hacia este sector de la ciudad es otro de los posibles motivos. Originalmente, la gran mayoría de las boîtes de la ciudad se asentaban sobre esta avenida por su lejanía del centro de la ciudad y de las zonas residenciales, lo que generaba un ambiente propicio para la proliferación de este tipo de emprendimientos. Si bien por aquel entonces ya existían algunas residencias estables en los alrededores de la avenida, el crecimiento demográfico atravesado por la ciudad en el transcurso de los años hizo que cada vez más y más residentes comenzaran a asentarse en los alrededores de la avenida. Como es lógico pensar, este crecimiento residencial en torno a la avenida no solo no era compatible con los ruidosos night clubs de la zona, sino que además comenzó a demandar mayor presencia de servicios y comercios para satisfacer las necesidades de los nuevos residentes. Por ende, se fueron asentando con el tiempo negocios comerciales y de prestación de servicios que modificaron el paisaje de este sector. Cabe aclarar que esto no sucedió de la noche a la mañana, ya que durante un cierto tiempo el cierre de los night clubs generó un abandono generalizado de la avenida, hasta que finalmente se instalaron en la zona diversos emprendimientos comerciales y de servicios que comenzaron poco a poco a cubrir las demandas de los residentes.

Desde fines de 1990 y hasta la actualidad, se observa que la nocturnidad se ha desplazado a calles como Hipólito Irigoyen, Güemes, Alem y el sector de Playa Grande con el desarrollo de bares, pubs y confiterías bailables. Esto hizo que, por un lado, el nicho generado por las boîtes de la Avenida Constitución se perdiera, puesto que ahora existían otros espacios de ocio nocturno lo que generó un descenso paulatino de la afluencia de jóvenes a la “avenida del ruido”, y por el otro, que estos nuevos polos de esparcimiento nocturno (favorecidos por la reglamentación municipal) fueran cobrando cada vez más relevancia al tiempo que las boîtes de la Avenida Constitución se iban sumiendo en una lenta crisis de la cual les sería muy difícil (sino imposible) salir. La gran mayoría cerró sus puertas, y solo permanecieron operativas al menos hasta el año 2010 GAP, Chocolate y la reconocida Sobremonte. A continuación, se presenta un extracto de una nota realizada al dueño de la discoteca “Chocolate” en el año de su cierre definitivo, el cual manifiesta las ventajas que poseen los centros de esparcimiento nocturno ubicados en otras zonas de la ciudad en comparación con los ubicados sobre la Avenida Constitución:

“[¿Por qué cerró Chocolate?] Porque la nocturnidad sufrió un cambio de zona (Playa Grande) y los bares dejaron de serlo transformándose de a poco en locales bailables. Por otro lado, la ley de nocturnidad afecta solamente a discotecas ‘habilitadas como tales’ quedando exceptuadas de la ley, las zonas de Playa Grande e Hipólito Yrigoyen, dado que en esos lugares no se permite la radicación de negocios bailables a pesar de que se baile. De este modo, la ley no es pareja para todos. Un joven que quiere ir a bailar a Constitución debe llegar antes de la 1.30 am, de lo contrario no puede ingresar a la disco. En cambio, en Playa Grande no hay reglamentación para horario de entrada y se baila en lugares no habilitados para tal fin.” (Diario La Capital, 08 de junio de 2010)

Si bien los motivos no están del todo claros, lo cierto es que la transformación de la avenida fue elocuente. La creciente urbanización de los barrios aledaños a la avenida conllevó a un aumento en la provisión de servicios para los nuevos inquilinos. Así, se fue gestando un corredor comercial y de servicios (Peri, 2011) que cuenta con comercios especializados de proximidad, sedes bancarias, entre otros que continúa creciendo hasta nuestros días y logra configurar a la región como una “nueva centralidad” que alberga multiplicidad de usos de suelo y de actividades en toda su extensión.

En la Figura 2 se puede observar una pequeña muestra de la evolución acontecida en más de medio siglo de historia de la “avenida del ruido”. Las imágenes de la columna izquierda corresponden a los predios donde en la década de 1960-1970 se erigían algunas de las boîtes, mientras que en la columna derecha encontramos el uso que en la actualidad se le está dando al predio en cuestión. Podemos observar la boîte “Pancho Freddy” en la esquina de Pasteur y la Avenida Constitución (Fig 2, a), inaugurada en el año 1956 que se convirtió de esta forma en la primera de la avenida y en donde actualmente se encuentra la parrilla y resto “Faustila” (Fig 2, b).

Otro ícono de la década del sesenta fue “Mary Poppins”, emplazada en la avenida Constitución 5205 esquina Roldán. En la misma avenida al 5528 y en la misma década abrió sus puertas la boîte “Banana”, confitería construida bajo nivel (a modo de sótano) aunque en su parte superior no había edificación alguna, y donde tocaban reconocidas bandas de la época.

A su vez, en la vereda par de la avenida entre las calles Chubut y Vicente López y Planes se ubicaban tres boîtes sumamente concurridas, a saber: Notte (Fig 2, c), Matokos (Fig 2, e) y Zeus (Fig 2, g), las cuales se encontraban lindantes una con la otra. En la actualidad, allí se encuentran, respectivamente, una confitería (Fig 2, d), una serie de comercios (Fig 2, f), y la iglesia “Sembrando Vida” (Fig 2, h). En la intersección de las avenidas Constitución y Carlos Tejedor existía en la década de 1970 la confitería “Carrousel”, en cuyo predio funciona hoy una pinturería. Esta confitería se popularizó por su pista giratoria, que se elevaba mientras los jóvenes bailaban al ritmo de la música de la época. A tan solo dos cuadras de esta última, pero sobre la avenida Tejedor en su intersección con la calle López de Gomara (ex calle 24), se hallaba emplazada desde la década de 1950 la confitería “Tajamar” propiedad del músico y compositor Osvaldo Fresedo y donde hoy se erigen un complejo habitacional.

A pocas cuadras, en la intersección de José Ingenieros y la Avenida Constitución, se encontraba Sunset (Fig 2, i), cuyo predio hasta no hace mucho supo ser un local de venta de zapatillas y ahora se encuentra en alquiler (Fig 2, j). Finalmente, uno de los íconos de la avenida era la famosa Enterprisse (Fig 2, k), conocida por algunos como el “Plato Volador”, construida en la intersección de la Avenida Constitución y Daireaux en la década de 1960 con un diseño arquitectónico innovador para la época y que se mantuvo en pie hasta inicios de siglo, cuando fue demolida. Su diseño futurista revolucionó el estilo de la época, atrayendo a partidarios y detractores pero convirtiéndose sin dudas en uno de los edificios más emblemáticos de la avenida. Hoy en día, allí se encuentran una farmacia y un centro de atención médica (Fig 2, l).

 

Figura 2: Evolución temporal de la avenida constitución (1960/1970 – 2024)

Fuente: Elaboración propia en base a imágenes de archivo personal (2024) y “Fotos de Familia” del Diario La Capital.

 

En la década de 1980 encontramos también otros edificios que quedaron en la memoria de los marplatenses como el restaurante “Los Viejos Vagones” (Figura 3), ubicado en la esquina de la avenida Constitución y Benito Juárez, lindante con la boîte “Banana”. Los dos vagones que conformaban dicho restaurante se encontraban ubicados sobre rieles y durmientes, y habían pertenecido a la línea Roca. Cuando el restaurante dejó de funcionar, los vagones fueron retirados y trasladados a la provincia de San Juan, existiendo hoy en su lugar una franquicia de una reconocida cervecería. En esa misma década funcionaba también otra icónica boîte llamada “El Castillo”, cuya construcción emulaba una fortificación medieval, ubicada en la avenida Constitución 5815, esquina Ortega y Gasset.

 

Figura 3: Restaurante “Los viejos vagones”

Fuente: “Fotos de Familia” del Diario La Capital, foto N°8723.

 

Lo esbozado hasta aquí no hace más que evidenciar el cambio experimentado en la Avenida Constitución, pasando de ser una arteria eminentemente destinada al ocio y al esparcimiento nocturno entre las décadas de 1960 y 1980 a convertirse en la actualidad en un centro neurálgico que alberga una multiplicidad de comercios y servicios para satisfacer las demandas de los marplatenses y sobre todo de los residentes de la zona. Como vemos, los desencadenantes que promovieron esta transformación espacial y funcional son diversos.

Lo que supo ser la “avenida del ruido”, famosa en la noche marplatense por la concurrencia de jóvenes y celebridades hoy ha dado paso a una avenida rebosante de comercios y servicios, en cuyos alrededores se encuentran barrios residenciales y que nos brinda una imagen completamente diferente a la de aquellas noches de verano de los setenta cuyos recuerdos aún perduran en la memoria de quienes tuvieron el agrado de disfrutarlas. El futuro de esta avenida es incierto, no obstante, es de esperase que se produzcan nuevas modificaciones en los usos de suelo tal y como ha sucedido (y aún continúa sucediendo) no solo en la propia avenida sino en toda Mar del Plata.

 

Agradecimientos

A mis padres, familiares y conocidos cuyos testimonios fueron claves para la reconstrucción de las localizaciones de estos establecimientos bailables y de los hábitos de la época. También quiero agradecer al espacio brindado por el Observatorio Ciudadano, Político y Electoral (OCPE) perteneciente a la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Mar del Plata por la publicación de este documento.

 

Bibliografía

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Cicalese, G. (1999). La implantación del modelo económico aperturista en los 70 y la crisis del turismo masivo en la ciudad de Mar del Plata, 1976-1987. Comunicación presentada en II Jornadas de Historia Económica, Montevideo [URY], 21-23 julio 1999. Disponible en: http://nulan.mdp.edu.ar/1442/

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Fotos de Familia, Diario La Capital. Foto N°7393. Disponible en: https://www.lacapitalmdp.com/contenidos/fotosfamilia/fotos/7393

Fotos de Familia, Diario La Capital. Foto N°8102. Disponible en: https://www.lacapitalmdp.com/contenidos/fotosfamilia/fotos/8102

Fotos de Familia, Diario La Capital. Foto N°8723. Disponible en: https://www.lacapitalmdp.com/contenidos/fotosfamilia/fotos/8723

Fotos de Familia, Diario La Capital. Foto N°9121. Disponible en: https://www.lacapitalmdp.com/contenidos/fotosfamilia/fotos/9121

Fotos de Familia, Diario La Capital. Foto N°10.008. Disponible en: https://www.lacapitalmdp.com/contenidos/fotosfamilia/fotos/10008

Fotos de Familia, Diario La Capital. Foto N°10.666. Disponible en: https://www.lacapitalmdp.com/contenidos/fotosfamilia/fotos/10666

Fotos de Familia, Diario La Capital. Foto N°12.089. Disponible en: https://www.lacapitalmdp.com/contenidos/fotosfamilia/fotos/12089

Medina, D. (2009). Mar del Plata, desarrollo urbano e imaginarios vinculados. UNMDP. Mar del Plata, pp 13-27.

Peri, L. V. (2011). Nuevas centralidades del ocio y el consumo: Ámbitos, modalidades e instrumentos de regulación de las grandes superficies comerciales en la Región Metropolitana de Buenos Aires. Revista Iberoamericana de Urbanismo, 01 Marzo 2011, núm. 5, pp. 31-44. Disponible en: http://hdl.handle.net/2099/12498

Sebreli, J. J. (1970). Mar del Plata, el ocio represivo. Ed. Tiempo Contemporáneo, Bs. As.

Mar del Plata: 150 años de transformaciones arquitectónicas y urbanas

Dra. Lorena M. Sánchez[1] y Dra. Mariana Fernández Olivera[2]

Los recién cumplidos 150 años de Mar del Plata han generado un sinfín de eventos, publicaciones temáticas y productos asociados. El cumpleaños lo amerita; desde 1874 la ciudad, históricamente joven, continúa mostrándose y convocando a turistas nacionales e internacionales.

En este transcurso y en relación con su caracterización turística, se ha transformado permanentemente. Casi a modo de oxímoron, su persistencia se ha asentado en el cambio. Así, esta permanencia cambiante ha generado una ciudad móvil, en donde su patrimonio resulta el principal testimonio material de cada metamorfosis acontecida.

Desde su nacimiento, el estudio de los procesos sociomateriales ha procurado acercar nombres y caracterizaciones en los puntos de inflexión reconocidos. Es posible registrar transiciones desde su condición original como puerto-saladero, su evolución hacia una villa balnearia de grupos económicamente privilegiados, su apertura como ciudad balnearia, el avance hacia una ciudad de masas y el progreso hasta su actual condición multifacética y fragmentada.[3] De acuerdo con cada capa histórica, los testimonios arquitectónicos y urbanos que perviven, atestiguan las transformaciones y los valores pasados y presentes. Esos testimonios, o bienes patrimoniales, constituyen huellas para comprendernos y entender la ciudad que construimos.

Entre los diversos legados que subsisten, resulta de interés observar lo acontecido con aquellos que forman los paisajes identitarios locales. La condición costero-marítima desde la cual se forjó la ciudad, entre el carácter productivo pesquero y el turístico balneario, gestó, no sin contradicciones, una diversidad de bienes característicos que constituyen eslabones claves de los entornos típicos marplatenses.

Así, las pequeñas y medianas viviendas pintoresquistas continúan destacándose en el interior de barrios como Stella Maris y La Perla, entre otros sectores de la ciudad. El pintoresquismo, corriente ecléctica de origen europeo, resultó particularmente apropiado para su reinterpretación local debido a múltiples factores. En este sendero, resultó propicio el despliegue de las premisas compositivas que aludían a las condiciones extraurbanas, a través del uso de la asimetría, el contraste de volúmenes y la exposición de materiales. Desde el carácter elitista a las progresivas versiones más modestas, el pintoresquismo residencial prevaleció durante la primera mitad del siglo XX. El paisaje conformado por estas viviendas distintivas en las otrora postales y que actualmente integran las más populares cuentas de Instagram, componen áreas de valor que testifican las transiciones entre la villa balnearia y la ciudad que forjó horizontes más amplios.

En paralelo y más escondidas a las miradas desatentas, en el interior del fotografiado Puerto sobreviven casillas de madera y chapa de los inicios portuarios a principios del siglo XX. Estas viviendas típicas fueron desarrolladas por la inmigración italiana que arribó a ese sector configurando, en su origen, un paisaje asimilable al de las películas norteamericanas del Far West. Su facilidad de armado, el bajo costo de construcción, la opción de ser trasladadas y su posibilidad de ampliación -al arribar nuevos familiares desde la tierra de procedencia-, fueron aspectos determinantes en su progreso. Junto con la labor pesquera, los testimonios fabriles y la identidad italiana, las casillas también han generado sectores que atestiguaron -y atestiguan- la original identidad productiva de la ciudad. Así, esta arquitectura industrial, desde las viviendas hasta los establecimientos fabriles, configuraron entornos de valor que todavía expresan formas de producir y vivir coligadas.

Sin embargo, las diversas piezas que componen estos entornos valiosos, se encuentran a la espera de un reconocimiento formal y por ende, de protecciones adecuadas: la necesidad de amparar áreas patrimoniales y de protegerlas, se vislumbra como un requerimiento urgente en esta ciudad cambiante.

Un ejemplo de esta necesidad lo constituye el borde costero, en especial la franja del barrio Stella Maris donde se enlaza el despliegue marítimo y el desarrollo residencial mediterráneo. El muestrario de operaciones pasadas y presentes en las que se ha impactado negativamente sobre el paisaje sedimentado, incluso con afectaciones indeseadas sobre el principal recurso de sol y playas en el que se ha apoyado el destino turístico de la ciudad, evidencia la necesidad de un marco regulador para un tratamiento de áreas frente a las operatorias individuales. Otro ejemplo lo constituye el barrio portuario, donde los procesos de cambio productivo-pesqueros y la falta de regulaciones preservacionistas, han desencadenado alteraciones, ampliaciones desacertadas y pérdidas irrecuperables de sus bienes residenciales y fabriles.

Por ello, la generación de áreas con sus coligados lineamientos guía hacia la intervención de sus bienes componentes, resulta uno de los mejores regalos para ofrecerle a la ciudad y sus ciudadanos. La subsistencia de segmentos paisajísticos asentados en bienes característicos, implican persistencias que ameritan protecciones creativas. En este sentido y desde una mirada diligente es posible repensar, en un marco de cambios negativos, intersticios de oportunidades. De esta forma, urge meditar sobre las maneras de actuar y los marcos preservacionistas a implementar en relación con el creciente interés inmobiliario en las arquitecturas de tiempos pasados.

En definitiva, entender, valorar y proteger el patrimonio local, con énfasis en los entornos que constituyen su memoria sociomaterial, continúa siendo una tarea pendiente. En este camino, deseamos que para su cumpleaños número 200 podamos brindar por la efectiva protección de sus paisajes urbanos históricos y los eslabones que lo componen, a través de áreas de valor, como parte de su presente y su futuro.

Figura 1. Imagen aérea actual y postal coloreada de mediados del siglo XX de diferentes sectores del barrio Stella Maris. Nótese la densidad de techos rojos en su interior, propios del legado pintoresquista.

Fuentes: https://www.instagram.com/imagenesaereasmdp/?hl=es e imagen N°5327 de https://www.lacapitalmdp.com/contenidos/fotosfamilia/

Figura 2. Imagen aérea actual del puerto y fotografía de la década de 1920 donde se observa el interior del barrio portuario asimilable a un pueblo del Far West.

Fuentes: https://www.instagram.com/imagenesaereasmdp/?hl=es e imagen del Archivo General de la Nación  (Inventario 142901).

[1] Doctora en Arquitectura, Magíster en Intervención del Patrimonio Arquitectónico y Urbano y Arquitecta. Investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) con sede de trabajo en el Instituto de Estudios de Historia, Patrimonio y Cultura Material de la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño de la Universidad Nacional de Mar del Plata (IEHPAC, FAUD, UNMdP). Docente de grado y posgrado dentro de la mencionada universidad. E-mail: lorenasanchezarq@yahoo.com.ar

[2] Doctora en Arquitectura y Arquitecta. Becaria Posdoctoral del CONICET con sede de trabajo en el IEHPAC, FAUD, UNMdP. Docente de grado dentro de la mencionada universidad. E-mail: arqmfo@yahoo.com.ar

[3] Existen numerosas indagaciones en este sentido procesual, con enfoques desde miradas históricas materiales, sociales y culturales, destacándose los trabajos realizados por el Mag. Arq. Fernando Cacopardo y la Prof. Eliza Pastoriza, entre otros autores y autoras.